Claves para preservar la potencia, el aroma y la efectividad terapéutica del producto
Por Narely Cortés Irizarry (Nare Tinta Bonita)
Especial para Revista Crónicas
Para los pacientes que utilizamos cannabis medicinal, conservarlo correctamente es parte del tratamiento. No se trata solo de mantener la flor “bonita”; se trata de proteger su potencia, su aroma y su efecto terapéutico.
Muchas flores, cuando quedan expuestas al aire, comienzan a perder sus terpenos en pocas horas. En uno o dos días, mal almacenadas, pueden volverse secas, perder su olor característico y cambiar su efecto. Esto significa menos consistencia en la dosis y en el alivio que buscamos.
La humedad ideal para conservar flores secas está entre 58 % y 62 %. Si la flor está demasiado seca, pierde terpenos y puede sentirse más fuerte o irritante al consumirse. Si tiene demasiada humedad, existe riesgo de moho. Por eso, algunos pacientes utilizan paquetes reguladores de humedad diseñados para mantener la estabilidad dentro del envase.
El envase también es importante. Lo ideal es utilizar frascos de cristal herméticos y guardarlos en un lugar fresco, seco y lejos de la luz directa. Aunque muchas veces los dispensarios entregan el producto en bolsas, es preferible transferirlo a un envase sellado para mantener mejor su calidad.
Si reutiliza envases, asegúrese de que estén completamente limpios y secos. La resina natural del cannabis puede dejar residuos pegajosos; estos pueden limpiarse con alcohol isopropílico, seguido de agua y jabón. Antes de volver a guardar el producto, el envase debe estar totalmente seco.
Evite dejar el cannabis expuesto al sol, guardarlo en el automóvil o refrigerarlo, ya que la condensación puede afectar su calidad.
Conservar adecuadamente el cannabis medicinal es una forma de cuidar nuestra salud y respetar nuestra inversión. Un buen almacenamiento ayuda a mantener la estabilidad en el tratamiento y garantiza que el producto conserve las propiedades por las cuales fue recomendado.


