Un estudio del New York Institute of Technology destaca lagunas formativas y pide una mejor educación médica para enfrentar la creciente demanda de los pacientes
NUEVA YORK – Un estudio publicado recientemente en la revista Medical Cannabis and Cannabinoids revela que la mayoría de los profesionales de la salud en Estados Unidos no se sienten capacitados para asesorar a sus pacientes sobre el uso del cannabis medicinal.
La investigación, llevada a cabo por académicos del New York Institute of Technology College of Osteopathic Medicine (NYITCOM), analizó 41 estudios realizados entre 2013 y 2025 sobre las actitudes, conocimientos y percepciones de médicos y profesionales de la salud respecto al cannabis con fines terapéuticos.
La doctora Maria Pino, farmacéutica licenciada y profesora asociada de NYITCOM, lideró el equipo de investigación junto a la doctora Eleanor Yusupov y la bibliotecaria médica Stephanie Lopez. El estudio documenta una preocupante falta de preparación entre médicos, residentes y otros especialistas clínicos para recomendar y discutir el uso del cannabis medicinal con sus pacientes.
“Con la creciente aceptación social y política del cannabis medicinal, es urgente que los profesionales sanitarios reciban educación adecuada para poder orientar con seguridad y confianza”, afirmó Pino.
Falta de formación y estigma persistente
El análisis revela que la escasa formación en las escuelas de medicina y la falta de guías clínicas basadas en evidencia limitan la capacidad de los médicos para abordar este tema. Muchos no se sienten seguros al hablar sobre las posibles indicaciones, efectos adversos o interacciones farmacológicas del cannabis, lo que compromete la calidad del cuidado al paciente.
Algunas especialidades mostraron posturas divergentes. Oncólogos, médicos de urgencias, especialistas en cuidados paliativos, en dolor crónico y médicos de atención primaria reconocen beneficios del cannabis en el manejo del dolor, náuseas, pérdida de apetito y depresión. En contraste, pediatras, obstetras y cardiólogos son más reacios, citando preocupaciones por su uso en niños, mujeres embarazadas o pacientes con enfermedades cardíacas congénitas.
También persiste el estigma, especialmente en áreas como neurología, donde algunos profesionales temen asociarse con el uso de cannabis, incluso cuando hay indicios de eficacia en trastornos como la epilepsia.
Los profesionales que ejercen en estados donde el cannabis medicinal está legalizado, así como aquellos con más años de experiencia, tienden a sentirse más cómodos recomendándolo. Sin embargo, la falta de estandarización en la normativa entre estados, sumado a la clasificación federal de la marihuana como una sustancia de la Lista I, añade un nivel de complejidad e incertidumbre legal que desalienta su recomendación.
Aunque en 2023 el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) recomendó reclasificar la marihuana como sustancia de la Lista III, esta medida aún no ha sido adoptada por la Agencia Antidrogas (DEA).
Urge integrar el cannabis en la educación médica
Uno de los hallazgos más repetidos en los estudios revisados es la necesidad de integrar el cannabis medicinal en la formación médica universitaria, así como en los programas de educación médica continua (CME, por sus siglas en inglés). Tanto los estudiantes como los médicos en ejercicio demandan contenidos actualizados que les permitan abordar con rigor científico las dudas de sus pacientes.
“La capacitación adecuada no solo fortalecerá la atención médica, sino que también ayudará a diferenciar el uso médico del recreativo, reduciendo el estigma asociado”, concluye Pino.
En un contexto donde 38 estados ya han legalizado el cannabis con fines médicos, y con un 70 % de apoyo público a su legalización, la comunidad médica enfrenta el reto urgente de cerrar la brecha entre la demanda social y su preparación clínica.


