Un artículo impulsado por expertos plantea que las escuelas de medicina incorporen enseñanza formal sobre uso médico de cannabis, sus riesgos, base biológica, marco legal y manejo clínico
El uso de cannabis en contextos médicos y no médicos sigue creciendo en Estados Unidos, pero la formación de los futuros médicos no avanza al mismo ritmo. Esa es la preocupación central de un artículo publicado en JAMA Network Open y divulgado por la University of Maryland School of Medicine, que propone seis competencias básicas para integrar este tema de forma estructurada en la educación médica.
La propuesta fue elaborada mediante un proceso de consenso entre 23 expertos clínicos y científicos, con la participación de más de 20 coautores de 26 instituciones. El objetivo es ofrecer una guía concreta para que las escuelas de medicina y los programas de residencia preparen mejor a sus estudiantes ante un escenario en el que cada vez más pacientes usan cannabis, preguntan por sus efectos o lo consideran parte de su tratamiento.
El planteamiento parte de una brecha clara. Según datos citados en el comunicado, solo 8% de los currículos de medicina incluían contenido sobre cannabis medicinal en el año académico 2015-2016, mientras 66.7% de los decanos encuestados entendían que sus estudiantes se graduaban sin preparación adecuada para prescribirlo. A eso se suma el cambio legal en el país: el cannabis medicinal es legal en 38 estados, tres territorios y el Distrito de Columbia, y 24 estados permiten además su uso recreativo en adultos.
El artículo sostiene que esa expansión del uso legal y clínico obliga a redefinir lo que un médico debe saber sobre cannabis antes de entrar a la práctica. No se trata solo de conocer la existencia de estos productos, sino de entender cómo actúan, qué evidencia respalda su uso, cuáles son sus riesgos y cómo orientar a un paciente en consulta.
Las seis competencias sugeridas son las siguientes
• Comprender el sistema endocannabinoide.
Esta competencia plantea que el estudiante de medicina debe conocer la base biológica sobre la que actúa el cannabis. Eso incluye entender qué es el sistema endocannabinoide, cómo funciona en el organismo y por qué resulta clave para interpretar los posibles efectos terapéuticos y adversos de estos productos.
• Conocer los principales componentes de la planta de cannabis.
La propuesta indica que la formación médica debe incluir una revisión de los componentes más importantes de la planta, incluidos sus compuestos activos, para que el futuro médico pueda distinguir entre las distintas sustancias derivadas del cannabis y entender cómo pueden variar sus efectos en el cuerpo humano.
• Manejar el marco legal y regulatorio en Estados Unidos.
Los autores consideran indispensable que los estudiantes conozcan el entorno legal que rodea al cannabis, tanto a nivel estatal como federal. Esa competencia busca que el médico comprenda bajo qué condiciones puede recomendarse, certificarse o discutirse su uso, y cómo las diferencias entre jurisdicciones pueden afectar la práctica clínica.
• Revisar la evidencia científica sobre las condiciones de salud para las que se usa.
Esta parte propone que la enseñanza incluya una evaluación crítica de la investigación disponible sobre cannabis en distintas condiciones médicas. El objetivo es que el médico pueda distinguir entre usos respaldados por evidencia y otros en los que los datos siguen siendo limitados o insuficientes.
• Reconocer los riesgos potenciales del cannabis medicinal.
La propuesta también insiste en que la formación no debe enfocarse solo en beneficios posibles. Los estudiantes deben aprender a identificar riesgos, efectos adversos, precauciones y escenarios en los que el uso de cannabis puede generar problemas o requerir vigilancia especial.
• Comprender el manejo clínico básico del cannabis.
La sexta competencia apunta a la práctica médica directa. Incluye nociones básicas para orientar al paciente, considerar el cannabis dentro del contexto terapéutico, atender dudas sobre su uso y entender aspectos generales de seguimiento clínico cuando estos productos forman parte de la atención.

David Gorelick, profesor clínico de psiquiatría de la University of Maryland School of Medicine y coautor del trabajo, señaló que la intención es impulsar a las escuelas de medicina y a los programas de residencia a incorporar estas competencias en sus currículos. La propia institución indicó que ya ofrece conferencias sobre cannabis en los primeros años de formación y que sus estudiantes también se exponen a estos casos durante las rotaciones clínicas.
“Los médicos necesitan entender los posibles beneficios y riesgos del cannabis para poder asesorar a sus pacientes”, explicó.
El debate ya tiene alcance más allá del aula. Gorelick forma parte del Maryland Cannabis Public Health Advisory Council, cuyo informe de 2025 al gobernador y a la Asamblea General del estado incluirá una lista de competencias recomendadas sobre cannabis para todos los profesionales de la salud en Maryland.
Joseph Martinez, profesor de medicina de emergencia y decano asociado para educación médica y experiencia estudiantil, afirmó que “es importante que los estudiantes de medicina estén expuestos a esta información, y actualmente ofrecemos conferencias que cubren el cannabis de manera bastante sólida en nuestro currículo preclínico durante los dos primeros años de la escuela de medicina”.
Añadió que, una vez comienzan sus rotaciones clínicas, los estudiantes también adquieren experiencia directa en la atención de pacientes que usan cannabis, además de otros medicamentos y sustancias ilícitas.
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