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Mundo Cannabis

El autocultivo rinde frutos en Oklahoma

Si los demócratas ganan de nuevo el Senado y la Presidencia, el fin de la prohibición federal podría llegar tan pronto como el próximo año

Por Angela Bacca
Especial para Crónicas

Los años de elecciones presidenciales siempre suponen un gran cambio en la industria del cannabis, y ésta será una elección como ninguna otra. Casi todos los Estados Unidos y sus territorios, incluidos Puerto Rico, Guam y las Islas Vírgenes estadounidenses, tienen algún programa de cannabis comercial legal a pesar de la continua prohibición a nivel federal. 

Si los demócratas ganan de nuevo el Senado y la Presidencia, el fin de la prohibición federal podría llegar tan pronto como el próximo año. 

La legalización por sí sola no es suficiente para que la investigación avance y las comunidades experimenten los beneficios económicos de este nuevo y pujante mercado comercial. El diablo está en los detalles, y gracias al despliegue de leyes sobre el cannabis estado por estado y territorio por territorio, hay bastantes casos de estudio que evidencian el fracaso de algunas políticas y otros que revelan el tipo de legalización que se necesita para obtener los mejores resultados para los consumidores, los pacientes y las economías locales. 

En particular, el estado de Oklahoma ofrece un modelo que promueve el acceso seguro y los derechos de cultivo en el hogar de los pacientes, fomenta los negocios y el desarrollo de propiedad comunitaria, promueve la equidad en la propiedad de los negocios y proporciona a los estados y municipios un flujo constante de ingresos fiscales para rellenar los presupuestos devastados por el coronavirus. 

El modelo de Oklahoma es único en un paisaje de cannabis comercial altamente regulado. En muchos estados, como Nueva York, Ohio y Pensilvania, las licencias de cultivo se limitan a un pequeño “cártel” de jugadores muy bien pagados. Esos estados no sólo no disponen de los ingresos fiscales potenciales, sino que a menudo el producto disponible es de menor calidad y tiene un precio excesivo en comparación con los productos procedentes del mercado tradicional. 

En la mayoría de las regiones, incluido Puerto Rico, los pacientes y los consumidores no tienen derecho a cultivar su propio cannabis en casa para uso personal no comercial. 

Un efecto secundario de estos mercados restrictivos, excesivamente regulados y muy caros es la homogeneidad en la propiedad de las empresas. Cuando el mercado se limita a un pequeño puñado de actores ricos, se desperdicia el beneficio económico para estabilizar y apoyar a las comunidades. 

Entonces, ¿qué ha hecho Oklahoma de manera diferente? Igualaron el campo de juego. En 2018, los defensores ciudadanos se vieron superados por su oposición en más del triple, pero aún así pudieron aprobar una iniciativa de cannabis medicinal con un amplio apoyo bipartidista. La pregunta 788 del estado de Oklahoma, ahora ley, la convirtió en el primer y único estado en bajar completamente las barreras de entrada en el mercado comercial y a la vez permitir a los pacientes el derecho a un cultivo casero. 

Por sólo $2,500, los solicitantes calificados pueden obtener una licencia comercial de cannabis medicinal en Oklahoma. Las regulaciones estatales son, esencialmente, el mínimo para proteger a los consumidores y evitar la interferencia federal. El resultado es un mercado en auge con ventas que baten récords y más del triple de las tiendas con licencia del estado de California, que tiene 10 veces la población de Oklahoma. 

La población de Puerto Rico, con 3.1 millones de habitantes, es ligeramente menor que la de Oklahoma, con 3,9 millones. Se estima que el año pasado se obtuvieron $13 millones por concepto del Impuesto de Ventas y Uso (IVU) sobre la venta legal de cannabis medicinal en Puerto Rico. En Oklahoma, los ingresos para el estado han promediado entre $8 millones y $11 millones mensuales, con nuevos récords de ventas en cada mes de 2020 hasta ahora. 

Las crisis graves merecen soluciones radicales. Una industria del cannabis en Puerto Rico que fomente la propiedad de pequeñas empresas y un mercado libre podría proporcionar no sólo un acceso seguro, sino también estabilidad económica a las comunidades que lo necesitan desesperadamente en los tiempos difíciles que se avecinan. 

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